Cuatro

30 07 2007

Cuando nuestro cerebro percibe un peligro, automáticamente se nos activa el sistema de alarma… las pupilas se dilatan para detectar mejor cualquier peligro; la respiración se acelera preparando al cuerpo para una posible huída; los latidos del corazón se hacen más fuertes y más rápidos para que los músculos tengan más sangren y eliminen mejor las toxinas; liberamos más adrenalina

Lamentablemente, todo esto sólo nos es util cuando nos encontramos ante un peligro real.

Cuando el peligro sólo existe en nuestra cabeza, las pupilas dilatadas nos hacen percibir las cosas de forma rara; la respiración rápida nos pone nerviosos; la adrenalina nos hace sentir nerviosos e inquietos; los latidos del corazón son síntoma de una taquicardia…

Peligro imaginario=puesta en marcha del sistema de alarma (pupilas dilatadas, hiperventilación, aumento del ritmo cardiaco etc…)

Puesta en marcha del sistema de alarma(pupilas dilatadas, hiperventilación, aumento del ritmo cardiaco etc…)=interpretación catastrófica(me está dando un infarto, me voy a volver loco….)

Interpretación catastrófica(me está dando un infarto, me voy a volver loco….)= aumento de las reacciones de alarma (pupilas más dilatadas, mayor hiperventilación, mayor aumento del ritmo cardiaco…)

Bonito círculo vicioso ¿verdad?





Tres

25 07 2007

Taquicardia, nerviosismo, dificultad respiratoria, nauseas, dificultad para concentrarse o para dejar la mente en blanco, sudoración, miedo, inseguridad, nudo en el estómago, alteraciones del sueño, mareos, sensación de ahogo, opresión en el pecho, parestesia, miedo a volverte loco….

Fatigas, cefaleas, sensación de irrealidad, despersonalización, inseguridad, miedo al miedo

Son tantos los síntomas y en ocasiones, tan parecidos a los de, por ejemplo, un problema cardiaco o uno respiratorio, que en algunos casos tardamos años en diagnosticarlos.

Ataques de pánico, transtornos de ansiedad…





Dos

19 07 2007

Hombres. Mujeres. Cada vez más, adolescentes de ambos sexos. Altos, bajos, personas con sobrepeso y personas extremadamente delgadas. Personas que están en su peso ideal. Trabajadores en activo y parados. Personas con una vida familiar idílica y personas con un nuecleo familiar completamente desestructurado.

He visto y oído de todo. Y cada vez más.

Vivmos en una sociedad consumista, una sociedad que nos impulsa a querer siempre aquello que no tenemos y cuando lo conseguimos, en lugar de valorarlo y disfrutarlo, nos olvidamos de ello y empezamos a perseguir otra quimera.

Un móvil de ultimísima generación, coche nuevo cada dos años, el reloj más in, un piso en propiedad en la mejor zona de la ciudad. Más ropa, la más cara. El maquillaje y la peluquería más impecables, el puesto de trabajo siempre superior al que tenemos…

Lo más triste, es que todo esto no tendría nada de malo si no nos obsesionásemos por conseguirlo. Si nuestra felicidad no dependiese de ello. Y es que, en la sociedad actual, se pospone mucho lo de ser feliz

“Seré feliz cuando consiga bajar este par de kilos” “Seré del todo feliz cuando tenga una pareja estable” “Ahora no, pero cuando consiga ese ascenso, seré feliz” “Seguro que yendo al gimnasio todos los días, en tres meses seré todo músculos y seré más feliz” “Si yo tuviese esa casa, sería feliz” “Hasta que no apruebe las oposiciones, no seré feliz”

¡¡Basta!!

Así es imposible





Uno

18 07 2007

Unas veces fue por el trabajo, otras por un hombre.  Hubo alguna en que el desencadenante fue la familia y otras muchas, en que la simple idea de que sucediese determinada cosa le hacía sentir aquello que tanto temía.

A ella, a otra ella y a otra más.  A él.  Lo he visto tantas veces y en tantas ocasiones distintas….

A mí  alguna vez, aunque no hasta el extremo.  Probablemente a tí en más de una ocasión, aunque no hayas sabido ponerle nombre.

Diferentes situaciones, ambos sexos, diferentes profesiones y diferentes épocas del año.  Diferentes caras y aparentemente diferentes problemas, pero detrás de todos ellos, lo mismo:  la ansiedad, los ataques de pánico y los periodos de tristeza más amargos que te puedas echar a la cara.